Bajaba con la cabeza en los pies, con las Erres atragantadas en algún lugar, con una sonrisa poco provocadora y una extraña fragancia a Cerveza. Bajaba por la vuelta esa en la que los locos van y vienen, van y vienen tratando de encontrarle algún sentido a sus tristes vidas, una calle que solamente trae problemas, vinos tintos, golpes, lágrimas. Una calle que de tanto bajar, ya le conocía cada grieta.
Vos estabas colgando unos afiches. Unos afiches de la banda más trillada que conozco. Casi me caigo, me choqué con un adoquín, miré al piso ¿siempre había estado ese adoquín ahí? pufff ¿qué es lo que pasa? Vos estabas tan linda Sunshine, como un sol a la medianoche. Tan bella que me encandilaste, tan bella que lo único que atiné fue a decirte: que linda que sos. Me acuerdo y me pongo colorada. Me acuerdo y me da una vergüenza. Tan cara dura soy estando con altos grados de alcohol.
Siempre que me enamoro de alguien, me choco con algo. Debe ser el estúpido Cúpido que de seguro usa ese tipo de mecanismo en mi persona.
Qué noche, Sunshine. Qué noche la que te conocí. Borracha por un desamor y encontrando a uno nuevo. Pasé la noche ahogando las penas de una relación insípida y turbia, las penas de una relación de mentiras. Las penas de ser tan estúpidamente crédula. Las penas de ser una miserable cornuda. Y apareciste vos. Vos con tus labios color vino, vos con tus ojos soleados, vos con tu sonrisa de verano. Vosvosvosvosvosvosvos.
wow... como te amo maldita perra