martes, 6 de septiembre de 2011

Llegué a lo de Patrice arrastrando mis pies, mi corazón, mi cara y mi botella de fernet.
Esa tarde después de llorar como condenada, decidí que mejor que una oscura habitación, era la inmensidad del Limay. El correr constante del río me ayudó a pensar que tenía que limpiar así mis heridas, limpiarlas y que ya no vuelvan, lavarlas y dejarme en blanco nuevamente, refrescar el corazón, sanarlo....
Patrice, del otro lado de la mesa, preparandome un té para mi descompostura, me dijo: solo debes pedirle al Cosmos detalladamente que es lo que querés... sí lo pedís con todas tus fuerzas y con todo tu corazón.... Te lo va a conceder.....

Lo pensé y cuando llegué a casa me senté en el piso de mi habitación y comencé a escribir... a escribirte....... la verdad me sentía medio estúpida, así que te escondí para que nadie me creyera una loca....... desesperada por encontrarte...



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