No te quiero, aunque a veces sí lo hago. No te quiero como vos pretendes que te quiera. Te quiero a veces por palabras y por sonrisas, pero dejo de quererte al instante de sentirte cerca. A veces creo que te quiero cuando te me vas de las manos. A veces creo que no te quiero cuando me desbordo de cariño. Es que nos queremos a destiempo, Lisandra, solo vos logras hacer que te aborrezca tanto a veces que me den ganas de amarte en la misma cocina donde quiero dejarte sola, lejos para siempre.
Mientras hoy nos mensajeábamos, imaginaba que me decías palabras lujuriosamente laberínticas, recitando lentamente en mi oído la conjugación del pretérito pluscuamperfecto.
Por qué, mejor, hoy ya sin tapujos, Lisandra, no hacemos un acuerdo en el cual las dos convengamos en que una noche, bajo la galaxia que habita mi cúpula solitaria, te invite a dormir conmigo.
Te voy a decir que tengo miedo, sí, como todas esas veces que busqué la excusa de tu abrazo.
Voy a pedirte que me abraces. Voy a decirte que tu abrazo me calma. Voy a besar tus manos, y los pondré sobre mis pechos. Quizás hasta tenga el atrevimiento de, en ese momento, poner una de tus manos en mi pelvis.
Sentir tu respiración agitada en mi cuello y tu corazón temblando. Seguramente voy a tratar de seguir el compás de tu aliento.
Vo a apretarme contra vos, a acercarme muy muy cerca de tu boca y en el momento en que centres tu mirada en la mía, comenzaré a pasar mis dedos por tus pechos, voy a subir tu remera y entrelazar tus piernas con las mías. Voy a abrazarte toda.
Voy a pedirte que me cojas, Lisandra, como Jamás cogiste a alguien en tu vida. Quiero tus labios carnozos en mis pechos. Quiero tus labios en mi ser. Quiero tu lengua recorriéndome toda. Quiero sentir tu humedad, Tus pechos contra los míos, la curva de tu cintura.
Tus dedos firmes en busca de mi cielo, tu respiración entrecortada, tu pelo en mi cara. Todo lo quiero. Lo quiero todo......
Mientras hoy nos mensajeábamos, imaginaba que me decías palabras lujuriosamente laberínticas, recitando lentamente en mi oído la conjugación del pretérito pluscuamperfecto.
Por qué, mejor, hoy ya sin tapujos, Lisandra, no hacemos un acuerdo en el cual las dos convengamos en que una noche, bajo la galaxia que habita mi cúpula solitaria, te invite a dormir conmigo.
Te voy a decir que tengo miedo, sí, como todas esas veces que busqué la excusa de tu abrazo.
Voy a pedirte que me abraces. Voy a decirte que tu abrazo me calma. Voy a besar tus manos, y los pondré sobre mis pechos. Quizás hasta tenga el atrevimiento de, en ese momento, poner una de tus manos en mi pelvis.
Sentir tu respiración agitada en mi cuello y tu corazón temblando. Seguramente voy a tratar de seguir el compás de tu aliento.
Vo a apretarme contra vos, a acercarme muy muy cerca de tu boca y en el momento en que centres tu mirada en la mía, comenzaré a pasar mis dedos por tus pechos, voy a subir tu remera y entrelazar tus piernas con las mías. Voy a abrazarte toda.
Voy a pedirte que me cojas, Lisandra, como Jamás cogiste a alguien en tu vida. Quiero tus labios carnozos en mis pechos. Quiero tus labios en mi ser. Quiero tu lengua recorriéndome toda. Quiero sentir tu humedad, Tus pechos contra los míos, la curva de tu cintura.
Tus dedos firmes en busca de mi cielo, tu respiración entrecortada, tu pelo en mi cara. Todo lo quiero. Lo quiero todo......
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