miércoles, 27 de junio de 2012

Cada Momento Nuestro



Desde pequeña me instruí en el gran arte de los hacedores de burbujas. Tomaba un vaso, colocaba cierta cantidad de detergente verde o amarillo o naranja, un poco de agua y comenzaba a soplar con la bombilla del mate. De pronto era como si un bichito de cristal con ojos parpadeantes brotara del vaso. Madre se enojaba porque el piso de la cocina siempre aparecía manchado y que sea la última vez! qué te pensás?! que soy sirvienta tuya o que nací para limpiar??!!  Salía entonces a caminar por la calle, mientras la cabellera de espuma caía del vaso. Lo hacía a la hora de la siesta, cuando todos dormían y yo vagaba con mi dama que brillaba como mil millones de ojitos, mientras se caían sobre mi mano. Después aprendí a hacer burbujeros con los pedacitos de alambre que Padre cortaba y me regalaba.


Una tarde vi a Madre hablándole a la cala que teníamos en el comedor. Le pregunté qué le decía y me dijo que le decía cosas lindas para que se pusiera más bonita y radiante, me dijo que las palabras de amor rejuvenecen a cualquier ser. Esa tarde probé susurrándole a una burbuja un buen día la burbuja se despegó y voló un poco alto. Cuando comenzó a caer su movimiento era bamboleante, le esquivaba al piso. Hasta que lentamente cayó. A la segunda le dije espero que nos veamos más tiempo. Se soltó y fue como si ella sola comenzara a escalar el aire para ir más y más arriba. Se dejó caer en la copa de un árbol y se fundió a una hojita de sauce unos segundos.. luego hizo p l o p ! y dejó caer destellos sobre el piso. Me fascinaba verlas danzar sobre el aire. 


Luego de un tiempo dejé las burbujas. Guardé el burbujero. También me guardé yo en algún cajón.


Hace un tiempo atrás comencé a buscar la forma de encerrar cada momento nuestro. Cada una de tus palabras. Quería poseer por un ratito más aquella nube blanca que te señalé en la plaza o tu cara cuando el sol me pegaba justo en los ojos y entonces era como si flamearas, pero no como las banderas, sino que ardieras con el sol y estallaras constantemente. Entonces el recuerdo se me vino como un flash a la cabeza. Revolví cajas y cajas en mi habitación hasta que encontré el burbujero. Ese que había hecho cuando era pequeña. 


Lo llené de detergente y mientras soplaba le conté de nosotras. Quise retenerte en el reflejo multicolor de las burbujas que me ayudaste a crear. Y mientras iban cayendo las soplaba cada vez más de abajo. Me tiraba al piso para empujarlas hacia arriba y que no reventaran. Pero todo intento era en vano. Lloré y pataleé en el patio de casa, arriba de los tréboles. Las burbujas hacían p l o p ! descaradamente.    


Después de un tiempo me decidí a reventarlas yo. Les contaba de tu olor o de la curva de tu cintura. Las soplaba y plop! las reventaba. Plop plop plop plop plop!Entonces los brillitos me caían en la cara y mientras te borraba te dejaba caerme como rocío en la frente. Y me llovían burbujas. Y me dejaba cubrir de destellos multicolor mientras lloraba arriba del césped verde. 


Hace poco aprendí a hacer botellas de vidrio. Sabías que hay que soplarlas? como a las burbujas? Pero el vidrio no se rompe, no se explota como las burbujas ni se pincha como un globo. Las voy soplando y contándoles historias sobre gatos que se dan citas en los techos de las casas, o sobre los pajaritos que cantan en mi ventana o sobre lo lila que se pone la mañana en otoño... o cómo me hacías sonreír sin razón aparente. 


Si avanzo como me estoy proponiendo, voy a hacerme una casa de vidrio. De un solo soplido. Le voy a contar de principio a fin cada una de las tardes en cada una de las plazas, sobre cada una de las flores y los rayos de luz. Sobre cada gato que nos encontramos en la calle y que parecía una nube... y sobre todas la veces que te amé.


Quizás así pueda entender al fin cuál es esa pared tan transparente que hay entre vos y yo, que nos separa delicadamente... y no nos deja ser una.  

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