lunes, 11 de junio de 2012

EN LA MARICOTECA

Preparé todo para esa noche. No salgo nunca a bailar. Quizás por esa razón después de meses o quizás años de no pisar un boliche, olvido por qué no me gustan y decido empilcharme y salir a mover las caderas. 

Estaba decidida a irme con alguna torta de la noche, cualquiera, la que sea, no importaba. "Hace meses que no tengo ningún contacto corporal más que el que tenemos en el desbloqueo en Actuación" pensaba mientras planchaba mi pantalón (cosa que nunca hago). "Hace meses que todas las personas que veo me parecen inertes. Hace meses que no hay nada humano que me provoque ni siquiera risa. Hace meses que me siento deshabitada en toda yo".

Entré a la ducha y me rasuré las piernas, (no lo hacía hace más de seis meses, y estaba decidida a seguir con mi vello corporal largo, porque no había nada de malo en él... pero me rasuré igual), depilé mis axilas (que no depilaba desde tiempos remotos porque amo levantar los brazos y verlos ahí, me gusta tocarlos de vez en cuando y también que me toquen las axilas, que por años oculté porque sentía que eran feas y sucias... pero me depilé igual), me maquillé (cosa que no hago hace muchísimo tiempo porque estoy aprendiendo a amarme a cara lavada, a verme hermosa al natural... pero aún así... me maquillé igual), me até una cinta en el pelo y salí a esperar el colectivo para ir a la anhelada Maricoteca. 

Cuando llegué, revisaron mi bolso y el Seguridad se rió estrepitosamente al ver que tenía un libro de Tolkien dentro. Mi cara enrojeció un poco (cosa que nunca pasa, porque jamás sentí vergüenza de ser un ratón de biblioteca que no puede dormir porque lee más y más... Sin embargo, me dió vergüenza que lo viera). Crucé la entrada y había mimos y acróbatas. Era el aniversario del boliche y hoy está de moda el arte callejero y seguramente deben haber pensado que tener ese espectáculo les daba status. 

Me reuní con la gente que me suelo reunir cuando salgo ahí. Estaban tomando vino espumante y en el fondo de las copas había cerezas de cóctel. Compré una cerveza, la única que venden en el lugar, porque entre tanta purpurina, tomar birra es bastante grasa y ahí si que al carajo con la diversidad.

Me senté en la barra y tomé tres toc - toc  de tequila. La idea era emborracharme antes de que me agarrara el sueño y me diera cuenta que las mujeres que cruzaban a mi lado y me hacían ojitos me llegaban a la naríz (cosa rara cuando una mide 1, 58)."Mini tortas" pensé y me reí para mis adentros. 

Noté que estaba ebria cuando comencé a cantar al unisono con mis amigxs "pa-si-vas! pa-si-vas!" mientras bailaba agitando las cachas y sabiendo (porque a esa altura tenés completamente asumido que es verdad) que bailaba como los dioses (cosa que no hago, soy un desastre. Una mezcla entre el chavoncito de Hitch y Enrique el Antiguo). 

Llegó La Tortiamiga, más borracha que yo, diciendo que por qué no pasaban alguna cumbia en ese lugar y que algún día íbamos a tener un bolichón con luces de pinito de navidad y palmeras pintadas en las paredes y que íbamos a poder escuchar las kumbia queers y Johansen. 

Quería con todas las ganas de mi cuerpo que alguien me guste. Sabía que así era más fácil porque ya veía todo medio borroso. Ya eran casi las 5 y a esa hora solo quedábamos las desesperadas. Una tal ¿Natalia? me sacó a bailar. Me franeleó un rato hasta que se dio cuenta que ni siquiera quería mirarla a los ojos, y en una que tuve la oportunidad, me fuí.

- Y tortiamiga ¿por qué no te vas con la de camisa? 
- Porque no..... no me gusta. 

Me encontré sentada en un sillón con una birra caliente en la mano y una chica más ebria que yo durmiendo a mi lado. Y comencé a llorar porque qué carajo estaba haciendo ahí... quién me va a sacar a bailar con este estado de demacración que tengo en alma... Quién va a creer que soy algo lindo si soy un costal de mierda... y me encontré llorando por querer ser una cosa que no soy en un cuerpo que no tengo en un alma en la que no entro. 

Me encontré llorando porque quería terminar el capítulo de mi libro en la cueva en la que me siento a vegetar y quería ver el Dead Note abrazada a vos en mi cama mientras te peinaba con los dedos. Y me encontré viéndome desde afuera: ebria, con el delineador corrido por las lágrimas, entre un montón de gente que se reúne religiosamente cada sábado alrededor de esas paredes para dejar de lado el peso cotidiano. Y me dí asco. 

Y empecé a sentir que de vuelta ese monstruo gigante que vive en la cabeza de las personas y está incrustado como un chip, me estaba atrapando y metiéndome en su boca. Me comía la poca vida que me quedaba. Y ví que ese monstruo era yo. Quise acurrucarme en mi propio vientre. Quise dejar de sufrir. Quise volver a cortarme. Y cortarme las muñecas. Y las piernas y el cuello. Y si no hubiera estado ahí, en ese sillón, lo hubiera hecho. 

Adele comenzó a sonar. "No nos pueden decir chau con un tema de Adele" Dijo La Tortiamiga, que sin darme cuenta, me había agarrado las manos para que me abrigue y saliéramos a tomar un bondi "así comíamos tostadas con berenjenas que había echo a la tarde". Y mientras desayunábamos y me contaba chistes y escenas perdidas que tenía de la noche, me reí hasta el centro de mi ser, me acosté bajo el ventanal grandote de la habitación de esa amiga que me faltaba y me dolía... y me recargué de fuerzas para vivir... otro día más. Por lo menos. 


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